LOCOMOTROVA nació como un colectivo de canción de autor o canción poética, en 2002. Pronto sumó a sus voces fundadoras otras, desde diferentes expresiones artísticas. Ha montado acciones de arte en varios escenarios del Ecuador, recitales de canción, de poesía y experimentos poético-musicales. Sus miembros han dado a luz libros, discos y otros productos como registros de sus respectivos proyectos y del grupo.

lunes, 24 de julio de 2006

Los que hablan...

A modo de presentación del poemario Caleidoscopio
Caleidoscopio, libro de poesía escrito por Diego Cazar Baquero, es un breve ingreso en el infierno de la pasión humana. El desamor, la frustración, las esperanzas y desesperanzas, la alegría y la cólera del poeta asoman los rostros de fantasmas o caricaturas en un concierto que presenta la risa y el llanto, la soledad y la certidumbre de que todo es pasajero.

Pese a la juventud del autor, no se refleja ninguna influencia sino climas parecidos a los que imperan en Los cantos de Maldoror y el frío que corre por Poeta en Nueva York y la alta ola de la amargura de Residencia en la Tierra. Pero todo no es tristeza en Caleidoscopio, son varios los poemas que muestran ráfagas de humor y sonrisas.

Los críticos literarios y los lectores de poesía seguro que seguirán la pista de Cazar, uno de los integrantes más notables del grupo Locomotrova.

Rafael Díaz Ycaza


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Del quehacer y del porvenir en la poesía de Pancho Prado

Ahora que nos hablan del mercado, del desarraigo y la lejanía, ahora que han puesto precio a los sueños que soñamos, ahora que hasta para entregarse a los brazos de lo bello dicen que hay que pedir permiso a la economía, la fuerza de la ternura en la voz del Pancho Prado es un generoso gesto que, en estos tiempos, parecía ya un imposible. Pero, ya se sabe, en lo imposible radica justamente la génesis del arte, y más aún cuando este arte compromete su quehacer con la complicidad de la conciencia y la belleza—lo que, lastimosamente, sigue siendo ajeno e incomprensible para muchos. Y es que escuchar los versos del Pancho, (así, llamándolo por el primer nombre, con esa naturalidad que sólo dan los años de una profunda sencillez), potencia una bifurcación que nos da, al unísono, el esplendor infinito de la música y la reflexión en el acontecer cotidiano. Nos vemos, a través de la palabra del Pancho, como somos y, sobre todo, como debemos ser. Así, la música se transforma en un carruaje que nos lleva al exilio sideral, desde donde es posible contemplar el derredor para luego decir ‘aquí estoy’, para proclamar nuestro lugar en el tiempo y en el espacio y, ante todo, para enunciar la probabilidad de cambio, de transformación, de metamorfosis, que todos llevamos dentro y que temas como Crisálida nos debería recordar.

Se dice que cuando la poesía está tatuada en el alma, como en el caso del Pancho, no hay fingimiento posible, porque no hay tecnología capaz de suplir la fuerza de lo humano que se registra nota a nota, palabra a palabra, en la odisea de éste—nuestro—cantautor. Entonces, a estas alturas, uno ya no se sorprende de encontrar en estas canciones a un ser que se interroga y arriesga su vida en cada línea—algo que ya vimos cuando hace casi veinte años nos estremeció con el ya mítico ¿A dónde vas?, aunque ahora sus interrogantes son aún más aventuradas, sus hallazgos más personales y, por ello, más universales—. Y es, precisamente, este jugarse la vida en cada verso lo que le otorga al Pancho la posibilidad de génesis y, más aún, de resurrección. ¿Cómo, sino, se explican versos como “no olvides cuán importante es un fracaso / para aprender a soñar”, o aquellos otros de “aunque hoy todo el planeta pudiera explotar / y aquella guerra absurda parezca la cosa más normal / … / seguro vendrán días mejores”? De esta manera, en la poesía del Pancho el porvenir, el por-venir, se deja entrever como un acto de fe en el mañana, en el andar e indagar como modo de vida, como postura de vida, que presagia la esperanza depositada en días mejores, que son apenas los primeros frutos de un hombre consciente de su vida y su quehacer y, por ende, de un ser comprometido por hacer de cada canción una rendija hacia el mundo, por la cual ver al poeta tal cual es y, a través suyo, vernos nosotros tal cual somos.

Pero el trabajo del Pancho no sólo se remite al porvenir a través de sus propias apuestas, sino que ve, gracias a la palabra y música de otros, su propia humanidad. Por eso su oído atento prestó atención a un tema de nuestra tradición, Lamparilla, canción que viene a reforzar la idea de que la tradición se hace día a día, y no como un hecho de museo seco, sino como un acto de inclusión de la propia voz en la voz ajena. Comprendió el Pancho hace muchos años que todo gesto de memoria es presente, y por eso su interpretación es, además de un homenaje, una apropiación de un lenguaje que siempre ha estado con él y que siempre lo ha estado alimentando. Y nosotros, gracias al Pancho, somos testigos de una nueva Lamparilla que se inserta de forma aguda en el cosmos y en la propuesta de “Días Mejores”.

Mucho se podría anotar del nuevo regalo que nos hace el Pancho, pero será mejor callar para que sea él quien nos diga lo que tenga que decir, y que sea él quien nos lleve, como Virgilio y Beatriz, por infiernos y cielos. Sábato dijo de Silvio alguna vez que su poesía tenía un valor adquirido cuando la tinta es fiel a la sangre. Hago ahora mías sus palabras, para agradecer al Pancho por jugarse la vida en cada verso, por desenmascararse y desenmascararnos y, sobre todo, por darse en cada palabra tal cual es, con la endereza, franqueza y el amor que sólo aquellos que han visto lo imposible en medio de tanta muerte pueden…

David G. Barreto
Ann Arbor, Michigan, octubre de 2005
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Miradas sobre la poesía joven en un libro

Enero 14, 2006
Javier Ponce,
para EL UNIVERSO
Son 40 poetas cuyas edades fluctúan entre los 18 y los 32 años. Vienen desde muy distintas vertientes, aunque parecen confluir en torno a tres propuestas dominantes: el irónico –a veces ácido– comentario sobre la vivencia urbana, la emergencia erótica que a pesar de todo su vértigo se resuelve en el terreno de la poesía y algunas referencias culturales muy diversas que pueden ir desde evocaciones de Homero hasta figuras de la literatura latinoamericana.La mayoría de estos poetas vienen de dos movimientos literarios muy activos: Buseta de Papel, en Guayaquil, y Fe de Erratas, en Quito, a más del taller de la Universidad de Cuenca. Casi todos aparecen vinculados a grupos literarios nacionales o latinoamericanos, participando en convocatorias y certámenes, con alguna publicación que ya circula pero en su gran mayoría preparando sus primeros libros, en el marco de una proliferación de pequeñas editoriales locales dedicadas a la difusión, particularmente de la poesía.No tendría sentido caer en una enumeración injusta de algunos de los nombres.Como en toda antología, estas Memorias del I Festival de Poesía Joven Hugo Mayo tienen desequilibrios. Es posible encontrar versos de escritores bordeando o sobre los 30 años, muy limitados en sus hallazgos; como también momentos intensos en los más jóvenes.Los primeros, los que se acercan a la treintena, dan fe de una poesía que reposa sobre conceptos en torno a la misma escritura o sobre lecturas asumidas y evocaciones eróticas con una cierta lejanía, unos pocos con niveles de madurez; entre tanto, los que están entre los 18 y los 23 años se columpian entre angustiados rechazos a la sociedad y al encierro espiritual en el que crecieron, y alusiones, a veces descarnadas o violentas, a la vivencia sexual. Talvez es posible encontrar entre estos jóvenes la mayor cantera poética.Los estilos van desde el intento del haiku hasta el poema en prosa, pero domina la presencia de la frase coloquial, del diálogo con Otro, que es, con frecuencia, el diálogo consigo mismo, la soledad de la creación. Una soledad que busca ser contrarrestada con la animación de encuentros y colectivos de creadores como Buseta de Papel, Fe de Erratas, Locomotrova y otros.Este primer festival Hugo Mayo se realizó en Guayaquil el año pasado y sus memorias se presentaron el miércoles 11 de enero. El festival y la publicación posterior fueron productos de Buseta de Papel, grupo que en menos de dos años ha realizado decenas de encuentros, recitales y diálogos en torno a la poesía.
Jóvenes poetas ecuatorianos: en busca de un nuevo compromiso literario
Luego de un largo silencio de más de veinticinco años, aparece en Ecuador un grupo de poetas nacidos hacia los años 80: Rodríguez, Méndez, Cazar, Avecillas, Chávez, Escobar, Du Lac, Jurado, Cuzme, Maridueña, Martínez, Lasso, Osinaga, Patiño, entre otros. Antes de esta nueva generación, lastimosamente, tenemos solamente lo hecho en los años 80 y 90, lo cual, a excepción de la poesía de Pedro Gil, resultó en un salto hacia atrás, debido en gran parte a la preferencia por un vocabulario supuestamente universalista que en realidad resultó ser confuso y poco imaginativo. Los nuevos poetas, en cambio, testimonian de manera sincera lo que sienten y piensan, y ven en la poesía un fin expresivo, no un medio de reconocimiento social. Su percepción del nuevo milenio está marcada por la computación y las nuevas formas de comunicación, el estatus del lenguaje poético, la diversidad cultural y el no siempre grato mundo intelectual. Al mismo tiempo, nos hablan de temas ya convencionales, como el sentido de la vida, el amor, la herencia literaria, la fugacidad del instante. Esta nueva generación retoma, en sus propios términos, el camino labrado por Jorge Enrique Adoum, David Lesdesma, Carlos Eduardo Jaramillo, Fernando Cazón, Antonio Preciado, Agustín Vulgarín, Efraín Jara Idrovo, Fernando Nieto y Euler Granda; camino que en su hora les sirvió también a Fernando Balseca, Jorge Martillo, Maritza Cino, Edwin Madrid y Eduardo Morán.
La literatura ecuatoriana, así como otras de América Latina, ha encontrado en los grupos literarios y las revistas los medios de expresión y debates de sus ideas. Muchas veces, estos han marcado el rumbo de lo que devendría en un membrete generacional. Cabe recordar la famosa Generación del 30, con su clara opción por el proyecto socialista y, en términos literarios, por la inclusión de obreros, campesinos y personajes de clase media, y el uso de un lenguaje a veces regional y crudo, aunque también con visos de lo que luego será llamado “realismo mágico”. Entre sus miembros más destacados encontramos a José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert, Gallegos Lara y Alfredo Pareja Diezcanseco. A otro nivel, Pablo Palacio, Jorge Icaza y Adalberto Ortiz. Luego de esta generación se experimentará un vacío en el panorama literario, el mismo que sólo veinte y treinta años después tratará de ser llenado con la aparición de grupos (Elan en Cuenca; Madrugada de Guayaquil) y con voces más individuales, de las cuales quizá las más conocidas sean hoy las de Jorge Enrique Adoum, Carlos Eduardo Jaramillo, Efraín Jara Idrovo y Miguel Donoso Pareja.

Pero habría que esperar los años 70 para encontrar a la nueva generación aglutinándose otra vez bajo la bandera del socialismo latinoamericanista, de la escritura de compromiso social, del proceso de la Revolución Cubana y de la lucha anti-dictatorial y anti-militar, pues Ecuador vivió bajo estos regimens, de manera a veces interrumpida, las décadas del 60 y 70.. Así aparecen, La Bufanda del Sol en Quito y el Grupo Sicoseo en Guayaquil. Además, Tientos y Diferencias y Esferaimagen, entre los principales. De estos formarán partes nuevos escritores como Eliécer Cárdenas, Iván Eguez, Javier Ponce, Jorge Velasco Mackenzie, Abdón Ubidia, Raúl Pérez, Fernando Nieto Cadena, Huilo Ruales, Esteban Michelena, Jorge Martillo Monserrate, Fernando Balseca, Edwin Madrid, entre otros. Hacia principios de los 80, los grupos se habrán desintegrado y cada participante tomará su rumbo, el mismo que a veces estará marcado por la diletancia tanto individual como grupal, pues el contexto en el cual aparecieron había cambiado notablemente: en el plano nacional se había pasado a un régimen democrático, y en el plano internacional se viviría el fin del llamado bloque socialista europeo. En los 80, tanto la poesía como la prosa van a registrar algunos aciertos, pero también un estancamiento expresivo. Habrá que esperar el inicio del nuevo milenio para que la nueva generación retome el legado cultural de sus antecesores y debata sobre las condiciones sociales y políticas y los principios que van a determinarlos.

De esta manera, vemos un resurgimiento e innovación de la literatura ecuatoriana a manos de una nueva generación que busca establecer su propio discurso en la escena nacional, fuera de los encasillamientos y disputas que caracterizaron la historia literaria ecuatoriana, empresa no siempre fácil, vale añadir. Así, a más de muchos escritores jóvenes sin filiación grupal, encontramos grupos nuevos, como Buseta de Papel en Guayaquil y Machete Rabioso, Fe de erratas y Locomotrova en Quito, La esponja y La pileta en Cuenca, alrededor de los cuales se concentran decenas de jóvenes que, a la par que leen, escriben, publican, y concursan en certámenes literarios, intercambian ágilmente información con otros grupos nacionales e internacionales. Se caracterizan también por un ágil fomento de actividades culturales, cosa inédita en la historia nacional, al menos en cuanto a la calidad e intensidad de las mismas, y por el rápido acceso a la era de la computación. Sus trabajos, como se apreciará más adelante, cuestionan la vida y el arte, pero con mayor desenfado y seguridad. Tienen un punto de vista político progresista y muchas veces un tono de rebeldía pero, al mismo tiempo, dan cabida a formas discursivas generalmente consideradas como “extranjeras” o “baja cultura” por el dogmatismo, como la música punk, la picaresca, el juego de palabras, cuestionamientos a las sexualidades hegemónicas, entre otros.

Como toda generación, la actual se está haciendo, y sólo el tiempo dará el veredicto final sobre sus bondades y logros. Sin embargo, provoca entusiasmo compartir con ellos en el presente el proceso de fundar sus voces sobre el diferente posicionamiento que demanda de ellos la sociedad actual.
Fernando Itúrburu
Associate Professor
Foreign Languages and Literature
State University of New York en Plattsburgh, NY

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Contraportada de Telarañas las pupilas, por Hugo Idrovo
No será fácil que me olvide cómo conocí a Diego Cazar. Fue en un bar que se partía con una banda de rock en la que él era su atrayente voz principal.

Años más tarde, seguimos compartiendo abrazos y guitarras; su talante se mantiene entusiasta y generoso cuando de canto y lírica se trata. Y es esta última afirmación de sus sentires lo que hoy aprieta más aún los nudos de amistad que a él me ligan, convirtiéndolos en abierta admiración.
El medio centenar de trovas que el lector aquí tiene en sus manos –y que Diego divide en penetrante trilogía– tienen la fuerza de asegurarnos una segunda y más degustaciones. Unas son dibujos de sonidos en la más pura palabra del sentido; musicales provocaciones dirigidas a nosotros: ubres de las urbes. Otras serán versos concebidos como verdaderos cantos al amor entre galas a la poesía primitiva.
La letra de Diego es conspiradora, coloquial y cotidiana o bien, una subversiva convocatoria vestida con una fina levita color de antipoema. Los sastres negligentes nunca llegan al extremo de enredar su lengua con la crueldad de la gente, pues cohibido el bosque púbico todo es más púdico.
Así que no se diga más, aquí dentro ya todo está escrito. Y será muy difícil que lo olvide.
Hugo Idrovo

lunes, 29 de mayo de 2006

Pancho Prado

El cantautor Pancho Prado, en el lanzamiento de Días mejores (2006).

Francisco Xavier Prado Saona nació el 8 de octubre de 1964 en Quito, Ecuador. Desde muy temprano se mostró interesado por la música, sacando las canciones que escuchaba en la iglesia al oído en un pianito de juguete, el cual más tarde fue reemplazado por un acordeón.

Su madre y su abuelo tocaban la guitarra, su padre había sido un cantante y un baterista frustrado. La madre siempre le insistía que toque la guitarra pero Pancho se resistía a hacerlo. Sin embargo se pasaba momentos enteros viendo al abuelo tocar y entonar sus pasillos.
A los dieciséis años Pancho sufrió un shock. John Lennon, el ídolo que empezaba a admirar, murió asesinado en New York. Esto le marcó profundamente y al día siguiente, 9 de diciembre de 1980, salió a comprar un juego de cuerdas para colocarlo en la vieja guitarra de su madre que en ese momento colgaba de adorno en la pared de su dormitorio. Pancho solo tenia un idea fija en su mente: aprender a tocar la guitarra lo más pronto posible. Se pasaba dias enteros obsesionado por aprender a poner acordes. El espíritu de Lennon obró milagros. El canto vendría después.
En pocas semanas ya tocaba algunas canciones de las viejitas de los Beatles y los Bee Gees. Luego vendrían John Denver, Cat Stevens, Queen, Pink Floyd, Led Zeppelin...y el rock clásico. A sus 17 años pasó a formar parte del grupo de rock del colegio Spellman donde estudió hasta graduarse de bachiller.
Se volvió un roquero pesado: Black Sabbath, Deep Purple, Ten years after serían sus favoritos. Él tocaba la primera guitarra, una Fender Telecaster.

Un poco antes de salir del colegio los grupos de rock del Spellman y del Americano se juntaron y formaron uno solo: Return. Empezaron a tocar por todas las discotecas de Quito y Pancho tocó la guitarra rítmica y cantó poco. El tecladista del grupo se llamaba Nelson García. Fue Nelson quien empezó a proponerle a Pancho hacer canciones más suavitas, más latinoamericanas. Pancho, al comienzo, se resistió pues su ídolo es Ozzy Osbourne. Con santa paciencia Nelson convenció a Pancho de reunirse para tocar juntos. Para ese momento Pancho ya había entrado a la Facultad de Medicina, pues uno de sus sueños había sido ser médico como su padre. El ambiente universitario invadió a Pancho y empezó a escuchar canciones de artistas latinoamericanos y quedó conmovido.
En 1984, en Quito, tuvo lugar el Tercer Festival de la Nueva Canción Latinoamericana. Pancho se enamoró locamente de este género: "esto es lo que quiero hacer toda mi vida", se juró. Fue el momento de cambiar a Ozzy por Silvio Rodríguez. Hora de empezar a cantar además de tocar la guitarra de palo. Una Yamaha que le regalaron sus padres.
Junto con Nelson García formó el dúo Umbral. Nelson le pidió a Pancho algunas grabaciones de sus canciones propias. Nelson escogió una canción para empezar. Era A donde vas, hoy una de las canciones más conocidas dentro del cancionero popular ecuatoriano de la música urbana. Hicieron algunos conciertos como dúo y les fue muy bien. Empezaron los shows de Música Fuera de Moda, conciertos donde alternaban las composiciones propias con los temas del recuerdo del rock clásico. Conciertos a reventar. Giras por todo el país. Entró el chileno Pedro Pino a formar parte de Umbral. Realizaron sus primeras grabaciones, el LP UMBRAL, donde está el éxito A donde vas, Idilio y Tiempos sobrehumanos, entre otras. Conciertos y más giras. Grabaron otro disco, un disco mix con cuatro temas, entre ellos Quien con lobos se junta... El grupo Umbral se llego a constituir como uno de los más representativos de la Música Urbana en el Ecuador de los 80, junto con Promesas Temporales, Canela, Contravía, entre otros.

Llegaron los 90, años oscuros para la Música Urbana y de autor. Nelson García partió para Boston a estudiar Música y Pedro Pino partió para Chile. Pancho se quedó solo. Fue el fin de Umbral. Años de prostitución musical. Tocar por aquí y allá para chauchear. En 1995, ya graduado, decidió dedicarse a su nueva profesión, la Psicología Clínica. Durante los 90 Pancho siguió componiendo. Es imposible parar al demonio de la música. Llegaron los 2000. En el 2001 por poco le pisa un bus en la 6 de diciembre. Que susto. La muerte tan cerca. "¿Que huella puedo dejar en el mundo?", se preguntó. Fue ahí cuando decidió empezar a grabar sus canciones. Las que había compuesto desde que Umbral se acabó.
Pancho escogió las canciones que más le gustan. Nació una antología. Un repertorio autobiográfico que cuenta sus vivencias de los años oscuros, pero bajo el signo de la esperanza: DÍAS MEJORES.

Así se llama su primer disco como solista. Días Mejores es un disco de concepto. Todos los temas topan de alguna forma la idea de la esperanza, de todo se puede sacar algo positivo, con las crisis crecemos, la locura puede ser una salvación... ahí sale el psicólogo. El disco contiene 13 cortes y aunque las canciones son más maduras el estilo es el mismo: la trova.

Pancho Prado se inscribió dentro del colectivo creativo LOCOMOTROVA, movimiento que pretende agrupar a cantautores y poetas que tengan una propuesta similar, la de hacer conciencia a través de la poesía, la de despertar el alma para ser mejores seres humanos, más sensibles y atentos para no dejarse engañar por el materialismo y el "vedettismo" de estas épocas vacías. Como dice la canción Días Mejores, que da titulo al disco: "Aunque hoy los trovadores no puedan cantar/ Y la Bella Durmiente del alma no quiera despertar / Aunque hoy las miradas de los que se aman ya no se puedan encontrar / No hay mal que dure una eternidad / Seguro vendrán Dias mejores..." Ojalá...

Paco Jarrín

El poeta Paco Jarrín, con su Rostros y rastros de la luna.

Diego Cazar Baquero

El poeta Diego Cazar Baquero, en el café Kyto
Periodista. Autor de los poemarios Más Caras tras Máscaras (2002), Telarañas las pupilas (2005), y Caleidoscopio (2006); también de las obras inéditas Fobias, fagias y otras manías (cuentos), y el ensayo La identidad musical de Quito.
Parte de su obra poética ha sido recogida en la antología del Primer Festival de poesía joven Hugo Mayo, en Guayaquil, en una compilación de poesía hispanoamericana por la Editorial Nuevo Ser, de Buenos Aires-Argentina, y en la revista ContraTiempo, Artes y pensamiento latinoamericano, de Chicago, EE. UU., en mayo de 2006.

Elsye Suquilanda

Elsye Suquilanda, escritora, cantante y cineasta, en el Cafelibro (2006).

miércoles, 24 de mayo de 2006

Fabián Jarrín

Fabián Jarrín, poeta (De la sed, el saber y la piel/ 1995, Inventario en Claroscuro/1998) y cantautor, ha realizado desde 1994 en Quito, paralelamente a otros trabajos musicales, una serie de recitales poético-musicales en la creencia de que la canción ha de ser un vehículo del pensamiento y la sensibilidad, y no solamente el terreno de la sensiblería escasamente racional o la tonada pegajosa que dice poco o nada.

PARTE DEL POLVO es el primer CD grabado por Fabián Jarrín. Contiene 14 canciones de su autoría que hacen parte de su repertorio en la línea de la canción de autor. La canción de autor pone énfasis en el tratamiento de las letras, en la poética del canto. A sus cultores se los puede distinguir entre los “cantautores” por sus planteamientos éticos y estéticos que implican, entre otras cosas, la interpretación de sus propias composiciones exclusivamente, usualmente hecha con un mínimo de recursos instrumentales adicionales a su voz y un instrumento acompañante, bajo la premisa de que una canción ha de sostenerse por sus valores melódicos, armónicos y poéticos sin precisar de la parafernalia de la que otros géneros hacen uso. Guardando coherencia con este hecho, la temática supera aquella de la canción romántica. Se transparentan con frecuencia temas sociales (locales o no, con su dosis de universalidad) bajo la consigna de evitar lo panfletario. Aunque hay quienes tachan al género de elitista, la convocatoria de público en Quito y Cuenca, principalmente, es muy alentadora.

El trabajo de Fabián Jarrín en escena y en sus grabaciones hace parte de un esfuerzo de reivindicación de la canción de autor local, llevado a cabo por Locomotrova.

La grabación del CD contó con la colaboración de aplaudidos músicos del medio: Pancho Prado (voces), Álvaro Rosero, de Tambores y Otros demonios (percusión); David Bonilla, de Nuages (Guitarra eléctrica y bajo); la armónica blues de Sandro Celi, Frank Guerrero, ex Tomback (batería); Mauricio Maldonado, del grupo de rock progresivo Viuda Negra (teclado); Washington Barreno, de Los 4 del Altiplano (quenacho); Virna Santana (voz). Guitarras nailon y folk, armónica, voces, letra y música de todos los temas: Fabián Jarrín. El diseño gráfico: José Ortiz (Moca CV).

Washo Flores

El cantautor Washo Flores, en el café Kyto.
Fundador del colectivo creativo LOCOMOTROVA, es un trovador de Conocoto que explora la poesía en sus líricas, incorpora sistemas rítmicos como el pasillo, blues, bossanova, jazz, bolero... Editó su primer CD La Revolución de la Ternura, grabado en vivo en el Teatro Prometeo, y está a punto de presentar su primer libro de cuentos. Canciones como De músicos, poetas, locos... Trenzas de capulí o Un vasito de angustia son ya parte de la memoria colectiva de quiteños y seguidores de su música, a lo largo de las dos últimas décadas.

Fotos

Paco Jarrín, Pancho Prado y Fabián Jarrín, con Alejandro Filio, en el Cafelibro.
Diego, leyendo su poesía en el Prometeo


En las puertas de un bar de Las Peñas, clausurado la víspera de la presentación de Parte del Polvo y Telarañas las pupilas.


Un vasito de angustia

Diego Sojo, a la armónica, con Fabián y David


Washo Flores y su amigo Freddy Peñafiel

textos de Lucrecia Maldonado

EXISTENCIAL Y CONVERSACIONAL

adónde me iré
a buscar la felicidad
un día llega otro se va
tiempo que cae
como monedas de olvido
dónde puedo encontrar
eso que llaman felicidad
breves retazos
de tiempo no vivido
una suite para laúd del viejo bach
o una bachiana de villa-lobos
que hace llorar
el abrazo de un amigo
la sonrisa de un bebé
el “te quiero mucho”
en los labios de un hijo
de una hija
pero los discos compactos
también se rayan
y los abrazos se terminan
porque viene más gente
los bebés crecen
el te quiero mucho
se vuelve bronca y desencuentro
y la búsqueda comienza
una vez más

adónde me iré a buscar
o será solo cuestión
de ver llegar y disfrutar
en un solo y minúsculo instante
eso que dicen
que algunos dicen dicen
que se podría llamar felicidad

lucrecia maldonado


soy culpable de todo
de confundir la búsqueda de amor
con miedo a la soledad
de creer en el pecado como norma
y de amarrar la sangre
con saña
a tres o cuatro convencionalismos
eso soy
un pedazo de carne
con miedo
que se ata a las palabras
para sobrevivir a los absurdos

********************************

mañana estaré mejor
hoy hice un alto
lloré

me rasgué las vestiduras
quise morir un poco
pero eso no es posible
entonces tal vez tenga que seguir
apechugar /le dicen/
no preguntarme nada
que yo misma no pueda responder
ya no sufrir /como hacen los salmistas por momentos/
por la ventura de los que me hirieron

sencillamente estar viva
completa
desarmada
sola
fuerte y endeble al mismo tiempo
ponerme nuevamente aquel abrigo verde
que alguien dio en conocer como esperanza
aunque tenga remiendos descosidos
y manchas
y caminar tan solo un paso detrás de otro
como un convaleciente
más allá de la bruma
y los silencios

*****************************

eran dulces supongo
blancos
cálidos
tiempos de olor a café tostado en la azotea
jugando a que las gradas eran un bus
y mi abuelo el mágico conductor
que me decía señorita a los seis años
como si eso también fuera verdad
´ y por supuesto me llevaba a cualquier parte
sin movernos del mismo sitio

tiempos de cuentos para niños en la radio atahualpa
y yo sentada sobre la cómoda siendo sencillamente feliz

textos de Paco Jarrín

¿...y si todo es cierto?
y si el silencio decide finalmente hablar
y si el tiempo da el brazo a torcer
y admite que no existe
y comienza a existir...

¿...y si todo es cierto?
y el pretexto de la muerte es solo eso
y la razón solo ocupa su sitio
y la locura ilumina tu rostro
y comienzas a existir...

¿...y si todo es cierto?
y sus manitos son el universo
y esos labios la realidad
y esos pies una promesa
y comienzas a existir...

¿...y si todo es cierto?
y comienzas a existir…


Francisco Jarrin y Lucrecia Maldonado:

¿...y si todo es cierto?
a pesar de las mentiras de la vida
y si el silencio decide finalmente hablar
sobre todo el injusto y absurdo silencio de los dioses
y si el tiempo da el brazo a torcer
y regresa
y admite que no existe
y se vuelve compinche más allá de verdugo
y comienza a existir...

¿...y si todo es cierto?
los abrazos los besos las palabras hermosas
y el pretexto de la muerte es solo eso
el momento de un alto y un sonoro silencio
y la razón solo ocupa su sitio
y deja de importarnos su elocuencia
y la locura ilumina tu rostro
y se pone a bullir en tus entrañas
y comienzas a existir...

¿...y si todo es cierto?
¿y si todo pudiera aún ser cierto?
y sus manitos son el universo
y en ellas cabe lo que no encontramos
y esos labios la realidad
y esos ojos no son más un espejo
y esos pies una promesa
para aprender a caminar de nuevo
y comienzas a existir...
a existir a existir a existir

¿...y si todo es cierto?
y comienzas a existir…
más allá de tus rabias y tus miedos
comienzas a existir

Perdón el atrevimiento,
Lucre


el tiempo que pasa y no existe
cree sonreírte con su mueca
agobiada por las velocidades
que el destino(otro fantasma)
impone
quiere mimarte este gigante triste
su corpórea irrealidad
le impide tomar tu cara entre sus manos
lo agita, lo pone torpe...
y derrumba encima tuyo
el muro de recuerdos que mantenías
quieto y ordenado después de este alud
con algo de lodo aun en la lengua
un aroma te lleva a la demencia
es cierto… fue cierto…

des - cierto en la mirada

*****************

Desdeño del tiempo

ímpetu que late en las plantas de los pies

humedad salina

que se reseca y se recrea

en mis ilu-desilu-ilu-desilu...

Siones

rosario, crucifijo, manto, madre,

hijo, muerte, hijo, muerte, padre...

Fijación freudiana en los oídos

arrurú mi niño...

arrurú mi madre...

arrurú quién sabe...

arrurú quien sabes

fijación divina en la garganta

sin más por qués, sin más preguntas...

Cantas??

Canta...

Textos de Fabián Jarrín

Con tanto decir no y adònde
con tanta esperanza y tanto eco de la enorme nada

con la esperanza que comienza a oxidarse
y tanto recoveco apenas iluminado en eso que llaman alma...

con tan nutrida sustancia del no saber què soy
con las preguntas en forma de canciones agridulces
y el abundante argumento de los cuerdos

con todo sin embargo no ceso de buscar
esa miguita dorada perdida en los años de cuando tenìa abuela
ese destello casi imposible, esa dicha
ese lapso ìnfimo
que cuando llega me exprime la belleza que mendigo por
las horas y los
caminos


Felicidad le dicen...


(Sentir suscitado sobre la marcha en el Fabiàn, por los versos que mandaste Lucrecia. Gracias por comunicarte. FJ)